El proyecto al que me refiero –otro más de prevención del VIH– fue
concedido a estas dos organizaciones por la UE. La solicitud fue presentada y
avalada por el director general de Salud Pública del Gobierno regional,
Agustín Rivero, amigo de
Manolo
Ródenas, militante –del PP y de la causa gay– y coordinador del programa de
información y atención a homosexuales y transexuales de la Comunidad de
Madrid.
Este servicio está subcontratado en exclusiva a Cogam, organización en la
que Manolo colaboró y trabajó durante algunos años. Parece ser que allí
coincidió con
Javier Gómez, compañero de partido, tesorero de Cogam y
encargado del área de Asuntos Religiosos de la ONG durante varios años (no sé si
también de las campañas pro apostasía y de denuncia del Concordato, aunque vaya
usted a saber). Manolo y Javier contrajeron matrimonio en julio de 2006, en
aquella
ceremonia tan polémica organizada por Alberto Ruiz-Gallardón
y criticada con razón por los que piensan que los regalos de boda deben
salir del bolsillo propio, no del de los demás.
El caso me recuerda al de aquel ministro de Economía de Felipe González,
Carlos Solchaga, cuya mujer ostentaba la gerencia de una empresa pública (
Focoex) dependiente de su departamento y dedicada a los
créditos de ayuda al desarrollo. Casi huelga decir que las empresas más
favorecidas por Solchaga y señora fueron las de Polanco, que entre otras
cosas recibieron casi el 90% de los fondos para libros de texto. Tras su paso
por la política, don Carlos fue contratado por Prisa. Nada nuevo bajo el sol.

Vamos, que la generosidad del alcalde, disculpable
por su afecto hacia esos dos chicos –y alguno más que no viene al caso–, es
una simple hebra en el curioso entramado de subvenciones interconyugales de las
mariprogres de todos los partidos, que diría Hayek.
Y no es que Cogam y Triángulo estén en la indigencia. El pasado mes de
septiembre, el Ministerio de Sanidad concedió a la Federación Estatal de
Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales, entidad a la que pertenece Cogam,
235.000 euros. La Federación está presidida por Toni Poveda,
casado con Miguel Ángel Fernández, número dos de Zerolo en la
Secretaría de Movimientos Sociales del PSOE. Según se informa en la página del
partido, la ceremonia trascendió el "contexto familiar y social" –ya lo dijo
Engels: la familia y el matrimonio no son más que tinglados económicos–. Por su
parte, Triángulo recibió 105.000 euros.
Uno de los aspectos más llamativos de estas ayudas –también reciben lo suyo
de otros organismos estatales, como el
Instituto de la Juventud– es que aproximadamente dos tercios
del dinero se dedica a gastos de personal. El hecho me sorprende, porque he
conocido a muchos colaboradores de esas organizaciones y casi ninguno cobraba un
duro. Es más, si por algo se caracterizaban sus reuniones era por la insistencia
del personal en solicitar voluntarios. Aparte de los que colaboran
gratis et
amore (casi todos), no parece que en Cogam y en Triángulo abunden los
mileuristas.
Sin embargo, hay casos aún más chocantes. Por ejemplo, éste: los de la
ONG
Apoyo
Positivo emplean el 95% del dinero del Ministerio en gastos de personal,
aunque en su página web se jactan de que conjugan "el trabajo voluntario con el
asalariado". En cambio Cáritas, receptora de tan sólo 5.000 misérrrimos eurillos
del Estado, dedica el 100% de la subvención a actividades y, por lo
tanto, nada de nada a gastos de personal.
Otra cuestión es el coste de los programas. Que dejar preservativos en
discotecas, saunas y sex-clubs (los condones se los regalan, y los que los dejan
no cobran nada) cueste varios miles de euros al año, o que un grupo de autoapoyo
que se reúne en las instalaciones de la organizació, cueste, pongamos por caso,
10.000 euros, son cosas que alguien debería explicar, ¿no creen?
Pero eso no es todo, amigos, aún hay más. La prevención del VIH no es una
actividad despolitizada. Más bien lo contrario. Por ejemplo, Alberto
Martín-Pérez Rodríguez, coordinador de la Comisión de Salud y Proyectos de
Prevención del VIH de Cogam, se manifestaba así en una entrevista concedida al
diario
El Mundo en 2004, poco después de la victoria electoral
del PSOE:
En Madrid seguimos teniendo gobierno del PP y Cogam es una
organización que trabaja a nivel de la Comunidad de Madrid. Por lo tanto, no
esperamos cambios de corte político. Desde la federación Más+Madrid (la mesa
de asociaciones del sida de Madrid) intentaremos que halla [sic] cambios en la
política autonómica.
Es decir, que la Mesa se dedica a hacer oposición a Esperanza Aguirre, la
misma que les financia generosamente y además se va a Europa a conseguirles más
fondos para personal.
Espe, darling, you ought to explain this.
Bastante ridículo resulta que Santi Fisas, el Consejero de Cultura, intentase
contratar a Leopoldo Alas, una de las voces más altas y claras contra el
"fascismo" de tu partido ("El PP gestionó el 11-M como en tiempos de la
dictadura". Y luego decís de la concejal
Alicia Moreno; si en tu casa cuecen habas, en la mía a
calderadas), como
asesor literario. Vuelvo a recordar la dedicatoria de Hayek "a
los socialistas todos los partidos" en ese libro:
Camino de
servidumbre, que según me contaste un día es uno de tus preferidos.
Por si fuera poco, en el acto de este año la actriz
Nuria Espert, a la sazón madre de Alicia –no dan puntada
sin hilo–, decía lo siguiente:
Pensar el problema del sida tiene que ser una reflexión sobre la
desigualdad, sobre la exclusión, sobre los privilegios de un mundo sobre otro,
de un sexo sobre otro, de una identidad sexual hegemónica sobre las
demás.
Toma del frasco, Carrasco. Contra el sida y hacia la revolución de los
cuerpos. Y añadía:
Ahí están los resultados. Escuchemos lo que nos tienen que decir
tanto el aumento de las infecciones de transmisión sexual entre adolescentes y
jóvenes como el incremento del uso de la píldora del día después. Nos dicen a
gritos que la prevención de la abstinencia y la fidelidad han
fallado.
Hombre, si nos ponemos así, también habría que escuchar lo que los jóvenes
tienen que decir sobre el aumento de los repartos gratuitos de preservativos y
el subsiguiente incremento de las infecciones y del uso de la píldora del día
siguiente –también del aborto, aunque para eso están los raspados en esas
clínicas tan modernas que subvenciona la Generalitat de Catalunya–. Vamos, que
por la misma regla uno podría defender justo lo contrario.

Por desgracia, el problema de la creciente transmisión del
VIH entre los jóvenes es mucho más complicado que esa extraña mezcla de
neomarxismo barato y loa a la promiscuidad recetada por Cogam. Pero, claro,
cualquiera a se arriesga a pensar: no vayamos a perder la ayuda.
Para colmo, el lunes el Ministerio de Sanidad presentó en Madrid una
simpática
campaña para prevenir el VIH y otras enfermedades entre
"hombres que tienen relaciones sexuales con otros hombres" que usa los rostros
bienintencionados de Boris Izaguirre, Javier Vázquez y el juez Grande-Marlaska,
uno de los héroes de Carlos Dávila (¿pasará el juez a formar parte de la nómina
de los
"abreculos" del periodista?). El acto contó con la asistencia
fugaz y subrepticia de Zerolo en calidad de qué sé yo, pues el acto era del
Gobierno, no del PSOE. Una visita con cierto tufo cominterniano, que diría mi
amiga La Grimaõ, y sospechosamente electoralista.
De todas formas, en vista del maltrato que el político había recibido antes
a manos de una panda de histéricos en el homenaje a las víctimas del último
hecho fortuito de la rama militar de la izquierda aberchale –¡cada día soy más
fino!–, comprendo que el señor tuviera que pasarse a saludar a los amigos para
compensar el trago anterior (mamelucos de todos los partidos:
así, no).
A nadie se le escapa que matrimonio no equivale a fidelidad, pero que sean
precisamente tres hombres casados los que nos instruyan sobre la mejor forma de
ir cambiando de ligue y no morir en el intento con ese cómplice e incitante
"entre nosotros" me parece una broma de dudoso gusto, aunque tal vez esté
hilando demasiado fino. En todo caso, este tipo de campañas buenrollistas y
despreocupadas ya no dan resultado; mejor sería mostrar de forma gráfica las
consecuencias que el sexo sin protección pueden acarrear. Entre el estilo
Vogue
Hommes y aquel
terrorífico anuncio de Benetton de 1992 habrá un término
medio, digo yo.
Alguien en el gabinete del ministro debería saber que el glamour no salva
vidas, por mucho que Boris se empeñe en demostrarnos lo contrario. Y tampoco el
leninismo à la Cogam, por mucho que Espe y los suyos se empecinen en
financiarlo.